Y por fin
llegó; todos después de comer nos empezamos a arreglar (cada uno a su ritmo)
para estar elegantes en nuestro día. Tras un breve repaso de las canciones
antes de la ceremonia, fue llegando gente a la capilla.
Ver a
todos tan guapos ya me emocionaba, y sobre todo pensar que esto ya se acaba,
que lo que hemos construido durante tantos años juntos seguirá creciendo pero individualmente,
separados.
Se escucharon
cartas muy bonitas, que nos situaban en momentos de nuestra vida escolar con
cada palabra… y con las ofrendas recreamos aún más esos momentos (con juguetes,
la agenda, nuestro mural que ha representado el lema durante el último año).
Todo lo
que se escuchaba se sentía, de eso estoy segura… y significaba muchísimo para nosotros.
Llegó el
momento de despedirnos ya oficialmente,
nos pusieron la insignia (que luego perdí por el camino) y nos
felicitaron.
Es imposible
agradecer lo suficiente todo lo que habéis hecho por nosotros; nos habéis
aguantado, apoyado, animado… y en este día vuestra presencia era muy
importante, y como dije el viernes, habéis protagonizado momentos únicos e
inolvidables.
Pero ya
después, con los vídeos que nosotros mismos habíamos preparado saltaron las
lágrimas, sin parar… y como dice la canción de uno de ellos, “será que me habré hecho mayor, que algo
nuevo ha tocado este botón para que Peter se largue”… y hasta el último momento
nos acompañó la música, pero esta vez no salió de un ordenador, lo que lo hizo
aún más especial.
Estos últimos
días lo ves todo distinto (o por lo menos yo), con otros ojos, como si fueran
momentos que no quisiéramos olvidar nunca y que tenemos que aprovechar al
máximo… pero es otra etapa que empieza en nuestra vida.
Y ya para
terminar, me vuelvo a repetir: MUCHÍSIMAS GRACIAS, y aunque nos despidamos, sé
que nunca os olvidaremos.

