¡Cuántas ganas
tenía de hacer esta entrada!
El martes
pasado fue mi cumpleaños, y, aunque empecé el día con mucha ilusión, la verdad
es que se me paso volando. Para comenzar, levantarme por la mañana no me costó
tanto, estaba más despierta de lo normal…. además, recibir por Wattshap y Tuenti
ya varias felicitaciones, anima muchísimo.
Después
de que me felicitaran los compañeros y pusieran “¡Felicidades!” de diferentes
formas, al final sólo quedó una, un tanto infantil, pero que me encanta (en
ella, Bob Esponja y Patricio me felicitaban, y una tarta muy mal dibujada por
mí, señalaba los quince años).
La verdad
es que me hizo muchísima ilusión, porque estos detalles nunca se olvidan….
Después
de comer, mis abuelos se acercaron a casa y nos comimos un trozo de tarta (aunque
no sabían muy bien si cumplía 15, 14,…).
Durante
la tarde, pues lo típico, llamadas de la familia para desearme que cumpla
muchos más y que disfrute de estos quince años, incluso algunos se atrevieron a
cantarme el cumpleaños feliz.
Aunque
aun me quedaba alguien, mi hermana, que
se guardó la sorpresa para el final: me preparó un mural con unas letras
gigantes que también me felicitaban con muñecos que me retrataban (o lo
intentaban) con muchísimos regalos a mi alrededor. Si en el fondo, a ella también
le hacía ilusión…
Al día
siguiente pensé: ¡Pero qué rápido se me ha pasado todo un año!, y seguía
recordando esos momentos que marcaron mi época con catorce. Aunque tenía que
pensar en aquellos que me esperan, y
celebrarlo de nuevo con las amigas me animaba mucho.
Después
de reflexionar sobre qué hacer, a mi madre
y a mí se nos ocurrió celebrarlo como antes, en casa y después irnos a dar una
vuelta y a merendar por el Centro; por
ello al asegurarme que podían acudir todas, compramos la tarta con mucho cariño.
Por fin
llegó el sábado, yo estaba muy contenta y cuando sonó el timbre, aún más.
Hicimos
tiempo para que llegaran todas, pero no nos aburrimos; es que esto de tener un
piano en casa puede ser muy emocionante, tanto que, además de aprender que se
podía tocar con tantas personas a la vez, descubrí que algunas tenían una cualidad escondida.
A alguna
personita de ellas le costó un poco
deleitarnos con su “Himno de la Alegría”, pero al final lo consiguió, tanto es
así que le aplaudimos orgullosas.
Cuando
llegaron todas y después de estar
hablando un buen rato, nos comimos la tarta, ¡lo que me pude reír!; pero cuando
me dieron los regalos… ¡Madre mía, me encantó todo! La verdad es que acertaron
de lleno.
Después
de completar canciones con una aplicación del móvil, conseguimos levantarnos y
ponernos las chaquetas para coger el autobús.
Ya
situadas, dimos una vuelta por varias tiendas (en las que también hubo momentos
imborrables) para hacer un poco de
tiempo antes de merendar, pero enseguida fue la hora y, para no llegar tarde,
no nos entretuvimos más.
Ya
cenadas nos hicimos varias fotos y esperamos a que todas estuvieran con sus
padres, aunque se ofrecieron a llevarnos y llegamos mucho antes.
Una vez
en casa, me paré a pensar en lo bien que me lo había pasado y al ver las
fotos recordé esos momentos idílicos que me hicieron sonreír.