lunes, 12 de noviembre de 2012

Mi cumpleaños


¡Cuántas ganas tenía de hacer esta entrada!
El martes pasado fue mi cumpleaños, y, aunque empecé el día con mucha ilusión, la verdad es que se me paso volando. Para comenzar, levantarme por la mañana no me costó tanto, estaba más despierta de lo normal…. además, recibir por Wattshap y Tuenti ya varias felicitaciones, anima muchísimo.

Después de que me felicitaran los compañeros y pusieran “¡Felicidades!” de diferentes formas, al final sólo quedó una, un tanto infantil, pero que me encanta (en ella, Bob Esponja y Patricio me felicitaban, y una tarta muy mal dibujada por mí, señalaba los quince años).
La verdad es que me hizo muchísima ilusión, porque estos detalles nunca se olvidan….

Después de comer, mis abuelos se acercaron a casa y nos comimos un trozo de tarta (aunque no sabían muy bien si cumplía 15, 14,…).
Durante la tarde, pues lo típico, llamadas de la familia para desearme que cumpla muchos más y que disfrute de estos quince años, incluso algunos se atrevieron a cantarme el cumpleaños feliz.

Aunque aun me quedaba alguien,  mi hermana, que se guardó la sorpresa para el final: me preparó un mural con unas letras gigantes que también me felicitaban con muñecos que me retrataban (o lo intentaban) con muchísimos regalos a mi alrededor. Si en el fondo, a ella también le hacía ilusión…
Al día siguiente pensé: ¡Pero qué rápido se me ha pasado todo un año!, y seguía recordando esos momentos que marcaron mi época con catorce. Aunque tenía que pensar en aquellos  que me esperan, y celebrarlo de nuevo con las amigas me animaba mucho.

Después de reflexionar sobre  qué hacer, a mi madre y a mí se nos ocurrió celebrarlo como antes, en casa y después irnos a dar una vuelta y a merendar por el Centro;  por ello al asegurarme que podían acudir todas, compramos la tarta con mucho cariño.
Por fin llegó el sábado, yo estaba muy contenta y cuando sonó el timbre, aún más.
Hicimos tiempo para que llegaran todas, pero no nos aburrimos; es que esto de tener un piano en casa puede ser muy emocionante, tanto que, además de aprender que se podía tocar con tantas personas a la vez, descubrí  que algunas tenían una cualidad escondida.
A alguna personita de ellas le costó un poco deleitarnos con su “Himno de la Alegría”, pero al final lo consiguió, tanto es así que le aplaudimos orgullosas.
Cuando llegaron todas  y después de estar hablando un buen rato, nos comimos la tarta, ¡lo que me pude reír!; pero cuando me dieron los regalos… ¡Madre mía, me encantó todo! La verdad es que acertaron de lleno.


Después de completar canciones con una aplicación del móvil, conseguimos levantarnos y ponernos las chaquetas para coger el autobús.
Ya situadas, dimos una vuelta por varias tiendas (en las que también hubo momentos imborrables) para  hacer un poco de tiempo antes de merendar, pero enseguida fue la hora y, para no llegar tarde, no nos entretuvimos más.
Ya cenadas nos hicimos varias fotos y esperamos a que todas estuvieran con sus padres, aunque se ofrecieron a llevarnos y llegamos mucho antes.

Una vez en casa, me paré a pensar en lo bien que me lo había pasado y al ver las fotos recordé esos momentos idílicos que me hicieron sonreír.



1 comentario:

  1. Lo primero ¡FELICIDADES!
    Segundo: excelente trabajo. Sigue así. Impresionante lo de los animales y la música y también lo de la aplicación identificadora de música.

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