jueves, 17 de enero de 2013

SOMPORT



Nuestro último año. Nuestra última oportunidad para caernos y levantarnos cuando se nos pasen los ataques de risa propios de vernos hasta las cejas de nieve y con los esquís tan cruzados que parece imposible volver a esquiar en toda la mañana.
Ya no haremos ese madrugón ilusionados, ni veremos las montañas llenas de nieve con asombro, ni nos darán ganas de tirarnos y hundirnos en la nieve…
Pero ya hemos tenido la oportunidad de vivir esta experiencia durante cuatro años y lo seguiremos recordando con mucho cariño.
Ahora les toca hacerlo a nuestros hermanos, y cuando lleguen a casa sin poder  moverse del cansancio, nos traerán recuerdos que parecerán tan recientes como lo siguen siendo nuestras funciones de navidad de primaria.
Pero también hemos mejorado mucho, incluso nos caemos muchas más veces cuando estamos quietos que en las bajadas (no sé si eso es progresar, pero lo hemos intentado)…
Así que solo me queda despedirme de esas grandes nevadas que en Zaragoza son imposibles de observar, y ponerme melancólica dentro de unos años al recordarlo...

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