¡Qué recuerdos me vienen a la cabeza con solo leer
el título de la entrada!... ¡Lo que daría por volver a esos años!
Mientras me contaba mi hermana la originalidad de
su última función, me estaba acordando de todos y cada uno de los personajes
que he tenido que interpretar durante mi etapa en Primaria.
Esos nervios que pasamos antes, ese cosquilleo del
día anterior, esa ilusión que nos hacía probarnos los trajes, esa risita entre
compañeros cuando nos ayudamos mutuamente susurrando la frase que teníamos que decir, esas desafinaciones al cantar el
villancico, esos aplausos interminables que no te dejan seguir hablando, esa
cara de felicidad de los familiares al verte (por cierto, mi madre todos los
años lloraba), esos movimientos exagerados para que todos entiendan lo que
estamos diciendo, esa sonrisa que transmitimos a todos antes de que se cierre
el telón, en definitiva: esa sensación de felicidad cuando estamos subidos al
escenario.
Cada un periodo de tiempo siempre me pongo esos
DVDs que me hacen muchas veces sacarme alguna lagrimilla… y aunque me los sepa de
memoria ya de tanto verlos, y re-verlos, nunca me cansaré de recordarlos,
incluso de revivirlos con ironía.
Esos momentos son los que no tienen precio, los
que recordaremos para toda la vida, los que contaremos a nuestros hijos, los
que observaremos orgullosos cuando pasen unos cuantos añitos.
Mientras tanto, seguiré cantando los villancicos
aunque no sea con todos ellos, aunque sea sin el traje de pastora que sigo
guardando; y aunque no sea la nuestra, asistiré ilusionada a la última de mi
hermana, la que espero guarde con mucho cariño en su memoria.
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