Para mí, la música es como la gente: podemos ser
parecidas pero nunca seremos idénticas, al igual que nos ocurre con las
canciones.
Por mucho que intentemos imitar la voz de una
persona, nunca conseguiremos que sean iguales; por mucho que dos canciones sean
parecidas, siempre tendrán matices y rasgos diferentes.
Todos los timbres tienen unas propiedades, y si
nos fijamos todos los cantantes tienen una manera de interpretar las canciones,
por ejemplo: rasgar la voz, sesear al cantar,…
Los gestos también ayudan, porque no tiene la
misma capacidad expresiva una persona que comunica con el rostro o con sus
movimientos, que una en la que su único apoyo es la voz.
Por eso muchas veces no todo es la voz, sino la
facilidad para revelar lo que quiere transmitir la canción, que siempre es
mucho.
Si nos tapamos los ojos conseguimos identificar en
la sinfonía todos los matices, todos los sentimientos juntos, sin obstáculos,
entrando en nuestro cerebro e identificándolos con buenas o malas experiencias,
con recuerdos, con ilusiones, con esperanzas…
Por ello mismo la música es muy subjetiva, no solo
porque existan diversas clases, y cada uno prefiera una de otra, sino por la
manera de interpretar el mensaje y de relacionarlo con nuestra vida.
Excelente trabajo, María. Feliz Navidad
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